Muchas veces nos perdemos en la diatriba política sin examinar esos elementos de fondo que nos dan luces claras sobre el momento que vivimos. Tal vez uno de los puntos mas importantes que dejamos por fuera en la charla política es el perfil psicológico de estos personajes que hoy manejan el poder en Venezuela.
Hay 3 rasgos importantes (definitorios de la alta dirigencia roja) que son necesarios precisar:
1. Son Mitómanos.
Las cabezas que operan el nivel ejecutivo de este gobierno han adoptado la tendencia de mentir, de distorsionar de forma constante y organizada la realidad. Estos señores han aceptado la mentira repetida como una estrategia política y comunicacional, de forma tal que sea irrelevante la realidad, los hechos específicos, entendiendo que lo único importante es el discurso político falseado.
2. Son individuos que creen en sus propias mentiras.
El sujeto admite sus falsedades constantes en un intento por incluir sus mentiras en las esferas de la realidad que lo compone. No sólo mienten de manera constante, sino que admiten esas mentiras como elementos aceptables que pueden ejercerse dentro de un discurso argumentativo.
Son individuos que necesitan creer la mentira, porque esto les brinda una calma interna al momento de exhibirse.
3. Están seguros que sus mentiras deben ser aceptadas por todos de manera obligatoria.
En este momento la dolencia mental que afecta a estos rojos se vuelve en extremo peligrosa. El sujeto no solo ha aceptado de forma plena sus mentiras como algo transferible a la realidad, sino que además no encuentra limitaciones al creer que esas falsas verdades, valga la paradoja, son genialidades irrefutables que por su contenido perfecto son imposibles de rechazar.
No ven la imposición como tal, sino que se encuentran ante una negación "terca e infantil" del resto de personas que no comprenden lo imprescindible de sus propuestas. Dentro de esta lógica de la irrealidad, negar la mentira impuesta es un acto de rebelión repudiable, y además, digno de CASTIGO.
Ahora bien, este perfil definido arroja una conducta irreconciliable con el diálogo abierto, responsable, directo y democrático. Es un intento casi pueril el querer entablar una conversación con alguien que no conoce el término, y que además no le interesa conocerlo, pues él ya ha inventado su propio método.
A la dirigencia roja no le preocupa en lo mas mínimo el abuso constante de las cadenas, los insultos y la agresividad permanente, las burlas y desprecios descarados, la agresión abierta y planificada dentro de las instituciones, ellos sienten una gloria al promover la conflictividad, esa es su verdad.
Muchos dentro de la oposición se preguntan con angustia, ¿No existirá de aquel lado aunque sea un poco de sensatez, de autocontrol? ¿No se darán cuenta que esta actitud es destructiva y altamente peligrosa? la respuesta evidente es no. Sería tonto negar que hay personas capaces, preparadas e inteligentes dentro del chavismo, pero estas personas no tienen ninguna capacidad decisoria a lo interno de la cúpula política, y por lo tanto, sus capacidades son irrelevantes al momento de la toma de decisiones.
¿Cual puede ser el resultado de la dirección política ejercida por un enfermo mental? aunque sería osado dar una respuesta definitiva, queda claro que esto nos está llevando por un rumbo de confrontación. Algo que sí puedo asegurar apostando toda mi dignidad, es que de aquel lado no se ha leído a Machiavelli, pues cometen un error que el florentino siempre condenó: subestiman de manera constante a su enemigo, no saben medir ni proyectar las consecuencias de la conflictividad que cada día elevan. Estas personas, disociadas y desfiguradas, creen que la confrontación siempre les arrojará victoria, no son capaces de divisar (por todo lo que hemos explicado) el huracán emocional que silenciosamente se fortalece en el sector opositor.
Son muchos años de insultos, abusos, atropellos e injusticias, y al parecer el vaso está lleno.
Algunas figuras apelan a la unión, ponerle fin a la confrontación, dialogar con el otro sector. Considero esto perfectamente adecuado para este momento, pero también debo decir que es un imposible. Miremos a nuestro adversario, sin agregarle ni quitarle, para que podamos entenderlo y medirlo, no cometamos el mismo error imprudente, por decirlo educadamente, de creernos nuestras mentiras, no caigamos en esa fantasía, en la ilusión del diálogo.
@politicayvision
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